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¿Qué declara tu historia?

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Cuando, en una historia, el bien triunfa sobre el mal, es una declaración de lo que deseamos como comunidad. Muchos autores, cuestionando que así no ocurre siempre en la vida real, han escrito historias donde el bien no triunfa al final. Se supone que para permitir que cada persona pueda hacer una reflexión libre. En realidad, se separa al expectador de la comunidad en que se apoya y se le expone a una declaración que puede vencerlo, en perjuicio de la comunidad que no ha organizado una respuesta frente a esta estrategia. Una historia no es un documental, sino una declaración de un mensaje. Sabemos que en la vida real, el bien no siempre parece triunfar, pero no se nos ocurre representar eso en nuestra Constitución. En ella, declaramos los valores que consideramos importantes, los principios en los que basamos nuestra vida en comunidad. Cada vez que contamos una historia, hacemos una declaración. Una historia con un final donde el bien no triunfa, es una declaración de que algo no está

El Rey Fantasma

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Había una vez una época en que fantasmas invisibles asolaban el mundo cada tanto. Llegaban a los pueblos, deambulaban por las calles, atravesaban las puertas, se escabullian bajo las sábanas. La gente veía caer enfermos a sus familiares, a sus vecinos, y a sus amigos. Y recuperarse. O a veces no. Cada año, hasta un millón de personas era la cuota del paso de los fantasmas por el mundo, le informaba un mago a su rey. Un día, el mago llevó al rey hasta la cueva dónde uno de esos fantasmas dormía. El rey cayó. El rey cayó, luchando contra el fantasma, informó el mago a la corte. Un nuevo rey subió, y le declaró la guerra a los fantasmas. Se harían todos los esfuerzos para derrotarlos, a cualquier costo. Más tarde, el fantasma de aquella cueva despertó, como cada vez. A su lado yacia el cuerpo de un humano. Cuando lo tocó, la corona hechizada dejó aquel cuerpo y se pegó a la cabeza de su nuevo dueño. También la capa, que se volvió cómo una niebla oscura, teñida del miedo de la

Hacia la Singularidad

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Octubre 21, 2015. Recuerdas lo que hiciste ese día? Probablemente sí recuerdes lo que hicieron ellos Michael J. Fox y Christopher Lloyd, en Back to the Future Durante las conmemoraciones por esa fecha, ellos aparecieron en un night show, como si el DeLorean hubiera aterrizado en el set. El presentador Jimmy Kimmel le alcanzó un smartphone al doc y le explicó que era un teléfono portátil acompañado de una computadora. Una computadora, wow, ¡qué tipo de cálculos y procesos maravillosos al alcance de la mano de la gente! ¡y qué cosas podrán hacer! Bueno, respondió el presentador, a veces nos mandamos selfies. Esa ironía sigue presente. Como en la lámpara de Aladino, tenemos un genio, con poderes cósmicos fenomenales, encerrado en una botellita. Y que no puede hacer más o menos que lo que le digamos que haga. Es ese potencial no utilizado lo que nos muestra nuestras propias limitaciones y por eso quizás no queremos verlo ni asumirlo. Es un potencial maravilloso con el

Ciencia Ficción

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Con el tiempo, hemos descubierto la explicación de muchas cosas que antes parecían un misterio. Que había una causa, un conjunto de cosas que hicieron posible que suceda y, así, ese hecho mágico pasó a ser un hecho científico. Luego, empezamos a usar ese patrón para ir develando más misterios. Finalmente, nos atrevemos a descartar aquellos misterios en los qué, sentenciamos, no es posible dar explicaciones científicas. Solamente para descubrir más tarde, con algo de vergüenza, que no es que no hubiera una explicación sino que no la imaginábamos aún. Por ejemplo, en un cuento una bruja vive en una casa hecha de dulces. Absurdo. Sin embargo, si ella tuviera un gran poder de sugestión... ... la casa podría ser proyectada a alguien de modo que fuera lo suficientemente atractiva para que quieran entrar. ... como ocurre con las plantas carnívoras. De pronto, el cuento infantil pasa a ser ciencia ficción. ¿O tal vez siempre lo fue? Quizás ahora hacemos solamente más

La puerta de afuera

— ¿Por qué quieres salir? — Para poder ver el sol. — El sol simplemente da luz, igual que esta lámpara. El resto de la cena transcurrió sin que volvieran a hablar y al final, antes de acostarse, la lámpara se apagó. Al día siguiente, vino el amo con un paquete grande. Dentro, una lámpara muy bonita y más grande que la que tenían. — Mira -le dijo, mientras la encendía junto a la otra-, así puedes tener más luz que el mejor mediodía allá afuera. — No es sólo el sol; es el cielo, el paisaje; las cosas que se pueden ver. El amo lamentó el descuido que había dejado que viera la fotografía. Eso lo había hecho soñar; estaba seguro. — Lo que viste en esa foto era falso; sólo una pequeña porción del mundo; la mayor parte está tan sucia que no vale la pena conocerla. — Creo que iré a verla de todos modos. El amo lo observó fijamente. En otro tiempo no hubiera tolerado que desafiara lo que decía; un golpe habría bastado. Ahora,... aún no era muy alto, pero ya no sería tan fáci

Algo más

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Imagina la aguja del fonógrafo que ella decide pasar sobre este surco que ella es la que hace la música que se escucha. Lo puede demostrar viendo que la onda sube cuando ella sube y que baja cuando ella baja. A veces distingue patrones en algo que le pasa, como si fragmentos de su vida se repitieran, se alternaran, con variantes. A veces le parece sentir un concierto de voces habitando algún lugar más allá, expresándose a través de ella. Ella realmente cree que hace la música que se escucha, que si quisiera podría hacer sonar otra cosa ya que entiende la mecánica del sonido. Está ella, nos puede explicar, en un universo, sobre la que se marcan las huellas de su música. No puede ver su futuro para saber del surco completo ya trazado. No puede ver más allá de su camino para saber que su universo está en un disco. No necesita saber de lo que realmente hay más allá para explicarse su propia verdad. Quizás en tiempos antiguos notó alguna mano que la puso

El señor Jones

El señor Jones le tenía fobia a las peleas y situaciones conflictivas. Él creía que era miedo a los golpes que podría recibir. Pero un miedo así sería racional y lógico. No lo son las fobias. El señor Jones se ponía muy ansioso aún ante la presencia de un pequeño reclamo en una tienda, o con las discusiones de niños estuvieran demasiado cerca. Le temía a pequeñas amenazas como esas. Pero descubrí una contraparte inesperada que ni él había notado. El señor Jones no tenía problemas con las amenazas grandes. No sentía pavor ante una tormenta agitando a todo el mundo alrededor de él. Las grandes amenazas no lo intranquilizaba. Para extrañeza de él también. Eso cambió totalmente mi percepción de su situación. Despertó en mi la pregunta de si sería posible que su miedo no fuera por ser golpeado, sino por dar los golpes. De si habría algo que sólo su subconsciente conocía y temía dañar a alguien vulnerable. Pero no a cosas como un huracán.