Se ha llegado a pensar que el mundo se debe conducir por reglas.
Pero, en realidad, las reglas son una manera de anotar las buenas prácticas observadas. De cosas que la gente ya hace. Y que pueden ser de ayuda a otra gente que la busque.
Al anotar algo, es más fácil tomar perspectiva y notar por qué hacemos las cosas. Es más fácil distinguir patrones y qué se podría cambiar cuando llegue el momento.
Pero, por alguna razón, se perdió la idea.
Se ha llegado a usar las reglas sin respetar la libertad de otros de hacer algo diferente o de cuestionarlas.
Se ha llegado a pensar que no hay más buenas prácticas sino aquellas que las reglas expresan.
Las reglas fueron ideadas para solidificar aquello que estaba difuso, para hacerlo más tangible y manejable. Para facilitar, no para obligar ni limitar la libertad.
Porque el ambiente cambia, las circunstancias cambian, la gente cambia y sus motivaciones cambian. Algo que antes era favorable puede que ya no lo sea tanto. Las reglas de antes puede que ya no reflejen lo que ahora somos o lo que queremos ser. Las reglas escritas en piedra pueden ser un obstáculo para nuestra evolución.
Son mejores las reglas que tratan de reflejar el mejor modo en que la gente ya vive. Que sean simplemente un apoyo. Y que sea la misma gente, la conciencia colectiva que poseen, la que las vaya determinando, según su propia experiencia. De modo que nos ayuden cuando lo necesitemos. De modo que cambien cuando sea lo mejor para todos. De modo que evolucionen con nosotros.
6 de mayo de 2011
3 de mayo de 2011
Viendo con la imaginación
Yo pensaba que había un pasado y uno recordaba las cosas del pasado.
Que había un futuro que aun no se formaba y que lo que uno veía acerca de él era sólo imaginación.
Porque uno podía actuar sobre la imaginación para ver lo que quisiera.
Ahora, entiendo que, sin actuar sobre ella, la imaginación te puede mostrar algo. A veces parecido al pasado que recordamos. A veces parecido al futuro que acontece.
Ahora, entiendo que estamos como sobre un mantel, rodeados de tiempo. Llamamos pasado a una de las líneas, y futuro al trazo que se le incorporará.
Pero hay mucho más existiendo también. Diversas versiones de pasados y de futuros.
Y todas ellas podemos ver cuando dejamos de controlar la imaginación, la liberamos, y dejamos que ella nos muestre lo que está allí afuera.
Que había un futuro que aun no se formaba y que lo que uno veía acerca de él era sólo imaginación.
Porque uno podía actuar sobre la imaginación para ver lo que quisiera.
Ahora, entiendo que, sin actuar sobre ella, la imaginación te puede mostrar algo. A veces parecido al pasado que recordamos. A veces parecido al futuro que acontece.
Ahora, entiendo que estamos como sobre un mantel, rodeados de tiempo. Llamamos pasado a una de las líneas, y futuro al trazo que se le incorporará.
Pero hay mucho más existiendo también. Diversas versiones de pasados y de futuros.
Y todas ellas podemos ver cuando dejamos de controlar la imaginación, la liberamos, y dejamos que ella nos muestre lo que está allí afuera.
1 de mayo de 2011
La verdad que te cuentan
Ellos hablan como si lo hubieran vivido, como si fuera cierto aquello que sólo conocen de oídas.
Querían que fuera cierto lo que deseaban para que hubiera una justificación para cambiar las cosas, para encontrar un modo de ser lo que no les dejaban ser.
Los hechos dejaron de ser hechos y se convirtieron en opiniones. En apoyo al testimonio de alguien contra quien no querían. Dejaron de verificar las cosas. Empezaron a decidir qué era mejor decir, qué era mejor callar, qué era mejor torcer. Como todos lo hacían, sonreían como en una hermandad.
Intentaron volver verdad una mentira, repitiéndola tantas veces, convenciendo a mucha gente.
Pero, al hacerlo, se volvieron insensibles a la verdad. Porque esparcieron tanto perfume en el aire que ya no saben qué huele qué.
Cuando quieren volver a decir la verdad, queda algo en su andar, en su mirada, en la forma en que dicen las cosas. La gente ya no les cree todo.
El mundo ha cambiando mientras se cubrían los ojos, mientras se tapaban los oídos, mientras callaban.
Ojalá vuelvan a sentir la verdad. Ojalá dejen de actuar como si una sonrisa de suficiencia pudiera volver hecho una opinión o hiciera dorado al barro.
Lo que es, es. Y sería mejor decirlo y confiar en que es lo mejor.
Querían que fuera cierto lo que deseaban para que hubiera una justificación para cambiar las cosas, para encontrar un modo de ser lo que no les dejaban ser.
Los hechos dejaron de ser hechos y se convirtieron en opiniones. En apoyo al testimonio de alguien contra quien no querían. Dejaron de verificar las cosas. Empezaron a decidir qué era mejor decir, qué era mejor callar, qué era mejor torcer. Como todos lo hacían, sonreían como en una hermandad.
Intentaron volver verdad una mentira, repitiéndola tantas veces, convenciendo a mucha gente.
Pero, al hacerlo, se volvieron insensibles a la verdad. Porque esparcieron tanto perfume en el aire que ya no saben qué huele qué.
Cuando quieren volver a decir la verdad, queda algo en su andar, en su mirada, en la forma en que dicen las cosas. La gente ya no les cree todo.
El mundo ha cambiando mientras se cubrían los ojos, mientras se tapaban los oídos, mientras callaban.
Ojalá vuelvan a sentir la verdad. Ojalá dejen de actuar como si una sonrisa de suficiencia pudiera volver hecho una opinión o hiciera dorado al barro.
Lo que es, es. Y sería mejor decirlo y confiar en que es lo mejor.
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