Era alguien capaz de resolver cualquier problema. Aún cuando le pareciera demasiado difícil o no lo comprendiera inicialmente. Eventualmente hallaba el camino. Sólo tenías que dejar que jugara con él el tiempo necesario.
Entonces, nació.
7 de enero de 2012
10 de diciembre de 2011
Volver a vivir
Dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla.
Yo quisiera repetir algunas cosas.
Quisiera volver a la playa donde mis pies se hundían en la arena mientras corría junto a la espuma que dejaban las olas. Sentir la brisa que acompañaba al sonido del mar y al canto de las gaviotas. Volver a sentarme al lado de mi mamá y contemplar el horizonte azul mientras comía un trozo de sandía. Volver a ver brillar bajo el sol las escamas del pescado que traía mi papá, acercándose con su canasta y su sombrero de paja. Volver a jugar en la arena con mis hermanos, sonriendo aunque el agua se llevara nuestros castillos. Entrar corriendo y jugar juntos entre las olas, una vez más, antes de que el sol se ponga, y volvamos a casa.
Era tan fácil repetir antes las cosas que hoy parecen tan distantes.
Quisiera volver al primer beso, cuando su mirada estuvo tan cerca, como su piel y su calor. Y el aroma de su cabello. Y los latidos de su corazón.
Esperando lo que no había de pasar, llegaba, de pronto, lo que no esperaba.
Quisiera volver a la noche, abrazado a su piel, envuelto en su perfume, seducido por su voz, volando por el cielo de un sueño eterno.
¿Quizás sea que ya conozco algunas de las historias por lo que ellas ya no se repiten?
Es ese fuego incandescente, ese brillo, esa música tan clara, esa fuerza, la que a veces parece estar allá atrás solamente. Uno voltea y se queda contemplando los colores de ese ocaso pintado de recuerdos.
El pasado puede ser tan dulce y tentador. Quizás es lo que sienten los viajeros cuando es dura la jornada. Cuando hace tanto calor, o tanto frío, y uno quisiera rendirse, descansar al fin.
No sé si sea saludable hacerlo. O, a lo mejor, sea necesario para estar saludable, antes de poder continuar. Como alguien herido, que se recoge en la oscuridad un tiempo.
Finalmente, cuando continúas, has girado de nuevo al frente. El sol que se ocultó quedó atrás, la noche pasó y adelante amanece. Y prosigues. Encuentras nuevas cosas por las que un día también sentirás ganas de volver a vivirlas.
Yo quisiera repetir algunas cosas.
Quisiera volver a la playa donde mis pies se hundían en la arena mientras corría junto a la espuma que dejaban las olas. Sentir la brisa que acompañaba al sonido del mar y al canto de las gaviotas. Volver a sentarme al lado de mi mamá y contemplar el horizonte azul mientras comía un trozo de sandía. Volver a ver brillar bajo el sol las escamas del pescado que traía mi papá, acercándose con su canasta y su sombrero de paja. Volver a jugar en la arena con mis hermanos, sonriendo aunque el agua se llevara nuestros castillos. Entrar corriendo y jugar juntos entre las olas, una vez más, antes de que el sol se ponga, y volvamos a casa.
Era tan fácil repetir antes las cosas que hoy parecen tan distantes.
Quisiera volver al primer beso, cuando su mirada estuvo tan cerca, como su piel y su calor. Y el aroma de su cabello. Y los latidos de su corazón.
Esperando lo que no había de pasar, llegaba, de pronto, lo que no esperaba.
Quisiera volver a la noche, abrazado a su piel, envuelto en su perfume, seducido por su voz, volando por el cielo de un sueño eterno.
¿Quizás sea que ya conozco algunas de las historias por lo que ellas ya no se repiten?
Es ese fuego incandescente, ese brillo, esa música tan clara, esa fuerza, la que a veces parece estar allá atrás solamente. Uno voltea y se queda contemplando los colores de ese ocaso pintado de recuerdos.
El pasado puede ser tan dulce y tentador. Quizás es lo que sienten los viajeros cuando es dura la jornada. Cuando hace tanto calor, o tanto frío, y uno quisiera rendirse, descansar al fin.
No sé si sea saludable hacerlo. O, a lo mejor, sea necesario para estar saludable, antes de poder continuar. Como alguien herido, que se recoge en la oscuridad un tiempo.
Finalmente, cuando continúas, has girado de nuevo al frente. El sol que se ocultó quedó atrás, la noche pasó y adelante amanece. Y prosigues. Encuentras nuevas cosas por las que un día también sentirás ganas de volver a vivirlas.
28 de noviembre de 2011
Impacto Cósmico
Hoy quisiera cantar
para tí esta canción,
escucha con atención
si puedes ver algo más.
Era la Luna en el cielo,
con su carita redonda,
miraban sus ojos grises,
en esa noche clara,
a las estrellas que
se ocultaban de su lado
mientras ella iba subiendo.
Ella se preguntaba
por qué se escondían,
por qué no se acercaban
y pudieran ser amigas.
Una de ellas llegó,
de pronto, y sin avisar,
un gran beso le dió
y junto a una mejilla
una flor de fuego dibujó.
Los hombres, maravillados,
contemplando el romance,
decían se ha sonrojado
por el amor que le ha dado.
Pero ese fulgor se fue,
cuando los dias pasaron,
la flor se fue marchitando,
y en su lugar se quedó
la sombra de aquel beso.
La bella Luna dejó
de aparecer sonrosada,
y pálida, como antes,
a las estrellas miraba.
Las mujeres, sin mucho asombro,
contemplando el desamor,
decían es lo de siempre
después del fuego y del amor.
La luna cambiaba en el cielo,
el cielo giraba.
Como siempre, contemplamos
el reflejo de lo que somos.
11 de noviembre de 2011
Por qué ser bueno
Mentir consume energía que se podría usar en hacer otras cosas más constructivas.
La culpa distrae la mente de cosas que podría realizar mejor.
Cuánto esfuerzo en el mundo se gasta para resolver las cosas que alguien más embrolló.
En cambio el bien simplifica, aclara, libera.
Si te preguntas por qué hacer el bien, por qué ser bueno... en cierto modo es una cuestión de eficiencia.
La culpa distrae la mente de cosas que podría realizar mejor.
Cuánto esfuerzo en el mundo se gasta para resolver las cosas que alguien más embrolló.
En cambio el bien simplifica, aclara, libera.
Si te preguntas por qué hacer el bien, por qué ser bueno... en cierto modo es una cuestión de eficiencia.
4 de noviembre de 2011
Las leyes humanas
Cuando naces libre, aprendes que la naturaleza tiene su propio modo.
En las ciudades, la gente controla ciertas cosas y dicta sus propias reglas. Pero es presuntuoso pensar que tienen alguna relevancia sobre la forma en que la naturaleza es.
Aunque se diga que todo ciudadano tenga derecho a la vida, no importa cuando tiembla la tierra, viene una ola grande, o cae fuego del cielo. Ni siquiera cuando se enferma.
Aunque se diga que todos los ciudadanos son iguales, lo cierto es que la naturaleza da sus dones en diferente medida, y quizás haya un motivo para eso.
Aunque se nos diga que tenemos derecho a buscar la felicidad, quizás lo seríamos si, en principio, dejáramos de crear falsas expectativas sobre lo que el mundo es.
La naturaleza es. Todo lo que hemos juntado no será nada cuando nos vayamos. Pero la naturaleza continuará siendo. Como antes de nosotros.
En las ciudades, la gente controla ciertas cosas y dicta sus propias reglas. Pero es presuntuoso pensar que tienen alguna relevancia sobre la forma en que la naturaleza es.
Aunque se diga que todo ciudadano tenga derecho a la vida, no importa cuando tiembla la tierra, viene una ola grande, o cae fuego del cielo. Ni siquiera cuando se enferma.
Aunque se diga que todos los ciudadanos son iguales, lo cierto es que la naturaleza da sus dones en diferente medida, y quizás haya un motivo para eso.
Aunque se nos diga que tenemos derecho a buscar la felicidad, quizás lo seríamos si, en principio, dejáramos de crear falsas expectativas sobre lo que el mundo es.
La naturaleza es. Todo lo que hemos juntado no será nada cuando nos vayamos. Pero la naturaleza continuará siendo. Como antes de nosotros.
24 de octubre de 2011
Subiendo
- Así es como se va subiendo -le dice el alpinista-. Antes de avanzar, te aseguras, anclando estos ganchos en la roca. Cuando pasas a la nueva posición, quitas los ganchos que te mantenían seguro en la anterior posición. Luego, eliges una nueva posición hacia donde avanzar. Así continúas y llegarás a la cima.
- No entiendo -le dice la paloma, y se va volando.
- No entiendo -le dice la paloma, y se va volando.
17 de septiembre de 2011
Días sin tiempo - 2
Julia preparaba el desayuno esa mañana. Aún no se había peinado y tenía el cabello alborotado. Pero no le importaba; era sábado y tendría todo el día para peinarse. O para no peinarse. Eso era lo bueno de los sábados. Lo que hubiera que lavar, comprar, o hacer, bien podía esperar hasta el domingo.
No sabía por qué, pero esa era una de las cosas que a él le gustaban de ella. La miró con una sonrisa, mientras se sentaba a la mesa.
En la radio sonaba una canción que le gustaba mucho.
- Tuve un sueño raro -le empezó a contar-. Era como si todo el mundo hubiera desaparecido. Yo caminaba por la calle, completamente sólo, sin encontrar a nadie más...
- ¡Tomás...! -gritó ella, de pronto, como llamándolo de arriba-. ¡Ya está el desayuno!
- Acá estoy, ciega -le respondió.
Julia volteó hacia él, que agitaba la mano mientras le sonreía. Pero no lo miraba. Giró un poco la cabeza, como si quisiera oír mejor algo en el segundo piso.
- ¡Baja ya, Tomás, que se enfría! -volvió a gritar.
- Oye, oye, acá estoy... -le repitió, mientras dejaba su silla para ir hacia donde ella estaba.
Sin esperarlo, ella giró y empezó a subir las escaleras.
- Tomás...
La siguió, tratando de alcanzarla, pero, por alguna razón, no podía.
- Julia, ¿qué haces?, ¡aquí estoy! -le repetía, pero ella subía y se alejaba, sin que pareciera oirlo.
El resplandor del tragaluz, en lo alto, se iba haciendo más intenso. De pronto, casi no podía ver. Ya no la veía a ella. Giró la cabeza, para mirar atrás, y tropezó.
No sintió el escalón, sólo que iba cayendo. Se cubríó con un brazo. Entonces, despertó.
No sabía por qué, pero esa era una de las cosas que a él le gustaban de ella. La miró con una sonrisa, mientras se sentaba a la mesa.
En la radio sonaba una canción que le gustaba mucho.
- Tuve un sueño raro -le empezó a contar-. Era como si todo el mundo hubiera desaparecido. Yo caminaba por la calle, completamente sólo, sin encontrar a nadie más...
- ¡Tomás...! -gritó ella, de pronto, como llamándolo de arriba-. ¡Ya está el desayuno!
- Acá estoy, ciega -le respondió.
Julia volteó hacia él, que agitaba la mano mientras le sonreía. Pero no lo miraba. Giró un poco la cabeza, como si quisiera oír mejor algo en el segundo piso.
- ¡Baja ya, Tomás, que se enfría! -volvió a gritar.
- Oye, oye, acá estoy... -le repitió, mientras dejaba su silla para ir hacia donde ella estaba.
Sin esperarlo, ella giró y empezó a subir las escaleras.
- Tomás...
La siguió, tratando de alcanzarla, pero, por alguna razón, no podía.
- Julia, ¿qué haces?, ¡aquí estoy! -le repetía, pero ella subía y se alejaba, sin que pareciera oirlo.
El resplandor del tragaluz, en lo alto, se iba haciendo más intenso. De pronto, casi no podía ver. Ya no la veía a ella. Giró la cabeza, para mirar atrás, y tropezó.
No sintió el escalón, sólo que iba cayendo. Se cubríó con un brazo. Entonces, despertó.
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