29 de marzo de 2019

Ciencia Ficción


Con el tiempo, hemos descubierto la explicación de muchas cosas que antes parecían un misterio.

Que había una causa, un conjunto de cosas que hicieron posible que suceda y, así, ese hecho mágico pasó a ser un hecho científico.

Luego, empezamos a usar ese patrón para ir develando más misterios.

Finalmente, nos atrevemos a descartar aquellos misterios en los qué, sentenciamos, no es posible dar explicaciones científicas.

Solamente para descubrir más tarde, con algo de vergüenza, que no es que no hubiera una explicación sino que no la imaginábamos aún.


Por ejemplo, en un cuento una bruja vive en una casa hecha de dulces.

Absurdo.

Sin embargo, si ella tuviera un gran poder de sugestión...

... la casa podría ser proyectada a alguien de modo que fuera lo suficientemente atractiva para que quieran entrar.

... como ocurre con las plantas carnívoras.

De pronto, el cuento infantil pasa a ser ciencia ficción.

¿O tal vez siempre lo fue? Quizás ahora hacemos solamente más explícitas las explicaciones que no todos podían imaginar.


Hay muchos mitos y cuentos antiguos, ahi afuera, con areas libres para que podamos imaginar explicaciones. Canteras de donde tomar material para hacer historias de ciencia ficción. O aclarar la ciencia ficción que ya son.


Pienso que los mitos y cuentos contienen mensajes que es importante respetar. Pero a veces ocurre que alguien no lo ve, y construye una versión que tal vez pueda ser vistosa y entretenida, pero ya no contiene el mensaje. Luego, uno revisa las versiones originales, y se sorprende de encontrar algo mucho más profundo que lo que estaba acostumbrado.

1 de abril de 2018

La puerta de afuera

— ¿Por qué quieres salir?

— Para poder ver el sol.

— El sol simplemente da luz, igual que esta lámpara.

El resto de la cena transcurrió sin que volvieran a hablar y al final, antes de acostarse, la lámpara se apagó.

Al día siguiente, vino el amo con un paquete grande. Dentro, una lámpara muy bonita y más grande que la que tenían.

— Mira -le dijo, mientras la encendía junto a la otra-, así puedes tener más luz que el mejor mediodía allá afuera.

— No es sólo el sol; es el cielo, el paisaje; las cosas que se pueden ver.

El amo lamentó el descuido que había dejado que viera la fotografía. Eso lo había hecho soñar; estaba seguro.

— Lo que viste en esa foto era falso; sólo una pequeña porción del mundo; la mayor parte está tan sucia que no vale la pena conocerla.

— Creo que iré a verla de todos modos.

El amo lo observó fijamente. En otro tiempo no hubiera tolerado que desafiara lo que decía; un golpe habría bastado. Ahora,... aún no era muy alto, pero ya no sería tan fácil. Tendría que apagar su osadía de otro modo.

— No entiendes que si vas afuera te va a ir mal. ¿Acaso crees que alguien te cuidará como yo?, ¿qué sabes hacer?, ¿cómo vivirás?

Él no pudo responder. Sinceramente, no podía. Se acostó preocupado en hallar respuesta a esas preguntas y, al fin, antes de dormir, pensó que su amo tenía razón; no sabía hacer nada más que cuidar ese pequeño cuarto, limpiar, arreglar las cosas.

Al día siguiente, aún pensaba así. Pero en su corazón se iba haciendo más fuerte el deseo de salir, aunque sea sólo un momento.

El amo lo vio poner su mano en la cerradura.

— ¿Qué vas a hacer?

— Iré a ver cómo es afuera.

— Si te vas, no volverás.

— ¿Será tan hostil?

— Lo es.

Pero, aunque lo escuchaba, la mano seguía en la cerradura. Comenzó a abrir la puerta.

— ¿Por qué quieres salir?

— Quiero ver.

— Pero si aquí tienes toda la luz -señaló las lámparas- y paisajes… mira.

Fue al fondo y descubrió los estantes llenos de libros, que le había prohibido tocar.

— Podrás ver todas las fotografía que quieras; allí hay libros que te mostrarán cosas que jamás verás en el mundo.

Luego fue hacia la consola.

— Y música… también te dejaré tocar todas la canciones que quieras oir. ¿Para qué vas a salir? -le preguntó.

— No lo sabía bien -le respondió-, pero si eres capaz de darme esas cosas tan valiosas, algo bueno debe haber afuera.

El amo sacó un arma y le apuntó.

— No saldrás. No dejaré que alguien se lleve algo en lo que he puesto tanto.

— ¿Y qué hará, amo? No podrá vigilarme todo el tiempo. Y ahora, tampoco le querré ayudar en lo que me pida. Si, a pesar de todo, no me dejara salir, aún entonces podré dejar de comer, y un día iré a dormir, cerraré los ojos y no podrá evitar que salga.

El amo comprendió que era inútil y que, al amenazarlo, las cosas entre los dos ya no podrían continuar como antes. Bajó el arma y dejó que abriera la puerta. Estaba oscuro.

— No hay sol ni paisajes que ver, y hace frío, ¿para eso quieres salir?

Él no dijo nada. Estaba afuera, en silencio, mirando las estrellas en el cielo, por primera vez.

Ahora sentía algo diferente, y sabía que no renunciaría a ello.

Era libre.

28 de enero de 2018

Algo más


Imagina la aguja del fonógrafo
que ella decide pasar sobre este surco
que ella es la que hace la música que se escucha.

Lo puede demostrar
viendo que la onda sube cuando ella sube
y que baja cuando ella baja.

A veces distingue patrones en algo que le pasa,
como si fragmentos de su vida
se repitieran, se alternaran, con variantes.

A veces le parece sentir un concierto de voces
habitando algún lugar más allá,
expresándose a través de ella.

Ella realmente cree que hace la música que se escucha,
que si quisiera podría hacer sonar otra cosa
ya que entiende la mecánica del sonido.

Está ella, nos puede explicar,
en un universo,
sobre la que se marcan las huellas de su música.

No puede ver su futuro
para saber del surco completo ya trazado.

No puede ver más allá de su camino
para saber que su universo está en un disco.

No necesita saber de lo que realmente hay más allá
para explicarse su propia verdad.

Quizás en tiempos antiguos notó alguna mano que la puso allí,
pero ahora está sola,
con pocos recuerdos de aquellas eras.

Y la música sigue, y ella le da sentido a su vida de ese modo
aunque tú y yo sepamos
algo más.

Porque nosotros podemos ver más allá,
las cosas que ella jamás ha visto,
y ser como dioses que ella jamás entendería.

Y he aquí que nosotros sí hacemos nuestro destino,
y determinamos lo que nos ocurre en está vida.

Y he aquí que nosotros sí podemos explicar cómo funciona casi todo,
sin que nada más allá, sea necesario.

O es que acaso también podríamos saber
algo más?

15 de enero de 2018

El señor Jones

El señor Jones le tenía fobia a las peleas y situaciones conflictivas.

Él creía que era miedo a los golpes que podría recibir.

Pero un miedo así sería racional y lógico. No lo son las fobias.

El señor Jones se ponía muy ansioso aún ante la presencia de un pequeño reclamo en una tienda, o con las discusiones de niños estuvieran demasiado cerca. Le temía a pequeñas amenazas como esas.

Pero descubrí una contraparte inesperada que ni él había notado.

El señor Jones no tenía problemas con las amenazas grandes.

No sentía pavor ante una tormenta agitando a todo el mundo alrededor de él.

Las grandes amenazas no lo intranquilizaba. Para extrañeza de él también.

Eso cambió totalmente mi percepción de su situación.

Despertó en mi la pregunta de si sería posible que su miedo no fuera por ser golpeado, sino por dar los golpes.

De si habría algo que sólo su subconsciente conocía y temía dañar a alguien vulnerable.

Pero no a cosas como un huracán.

17 de agosto de 2017

Libre creatividad

Imagino la creatividad como una criatura libre que viene hacia mi cuando lo desea, me envuelve con su inspiración, y se va.

Una fuerza de la naturaleza.

Entiendo que hay lugares donde se congrega gente dedicada a oficios creativos. Como escritores, dibujantes, ilustradores.

En su caso, imagino que el proceso creativo es como salir de cacería al bosque. Se organizan y van juntos. Tienden trampas. Emboscan. Atrapan. Y pegan su oido al corazón de esas musas cautivas, para que algo de su inspiración les acerque a las ideas que necesitan producir. Hasta que el latido deja de sonar.

Tal vez otras agencias creativas son más prudentes y han aprendido a domesticar las musas que alguna vez alguien trajo del bosque. Encerradas en corrales, les proveen cada día de la leche, los huevos, y quizas la carne de las ideas que necesitan producir.

Quizás es algo válido, como la cacería y la ganadería o la agricultura.

Pero a mi me gusta salir solo y esperar al caballo libre que se acerca a mi porque confiamos uno en el otro. Me deja subir a su lomo. Y me conduce por parajes que no ha mostrado a ningún humano antes. Compartimos el fruto de las cosas que se vuelven realidad estando juntos.

Podemos vivir tranquilos, libres.

El sabor de lo natural es distinto, como sabemos. Cuando cazas, el miedo amarga la carne. Cuando domesticas, la carne no tiene la firmeza de lo libre.

No se trata de vivir de la naturaleza, sino de vivir junto a ella.

Si trabajas tiempo completo para sobrevivir, no queda mucho espacio para buscar a la creatividad libre.

He encontrado que trabajando medio tiempo, me queda la otra mitad del día para salir al bosque, escuchar y quizas encontrarla.

Creo que cuando los humanos acordemos trabajar cuatro o seis horas para sobrevivir y dejar el resto del tiempo para estar libremente con la creatividad, el mundo conocerá inspiraciones más grandes de lo que ha venido consiguiendo hasta ahora, con sus hordas de cazadores y granjas y parcelas, produciendo y ayudándonos a subsistir. Porque queremos algo más que eso.

¿Qué declara tu historia?