Aquí donde moramos

EN ALGUNAS historias de fantasmas, ellos no pueden ir demasiado lejos de donde moran.

Los contiene una niebla lechosa que nunca logran atravesar, o un desierto infinito, lleno de monstruos que no los dejan avanzar.

Y aquí estamos nosotros, sin entender bien lo que somos ni lo que es el cielo que contemplamos, imaginando que podemos viajar por un espacio que no existe a planetas y lunas que jamás alcanzaremos.

Parte de nuestros recuerdos está en el ambiente que nos rodea, como una tintura sostenida en el agua. La memoria y la sabiduría de generaciones flota a nuestro alrededor.

Así, parte de lo que somos está allí, afuera.

En las ciudades y poblados, la complicada trama que urdimos nos ha conducido a formar este complejo mundo, con sus formas tan artificiales.

Lejos, en soledad, podemos respirar ante nuestros propios pensamientos, sin que nos aturda el eco del mundo que resuena en la distancia.

Pero, más lejos, dejaríamos de oir esas voces, y aun una pequeña comunidad quedaría sin más recuerdos que los propios, sin más sabiduría que la de su corta existencia.

Más lejos, empezaríamos a olvidar quienes somos y cual es nuestro destino.

Y más lejos, empezamos a sentir el frío del desierto interminable, con figuras de monstruos que nos instan a volver. O la niebla lechosa que no podemos atravesar.

No podemos ir más lejos sin tener que volver a empezar. A tejer otra vez el lienzo de nuestra historia. A plantar de nuevo la semilla que nos originó.

Aquí es donde moramos. Pero, incluso aquí, no estaremos seguros para siempre.

Igual que la tinta sostenida en el agua se mezcla y deshace si la agitamos, así se deshace también nuestra memoria de cuando en cuando. Al llegar del cielo la brisa que agita el agua de nuestro mundo.

Cada vez que ocurre, volvemos a ser sólo cada uno, otra vez. Olvidamos de dónde vinimos o a dónde ibamos. Despertamos un día y es ajena nuestra cama, y desconocido nuestro hogar, en un escenario que nos es extraño, rodeados de informacion que ya no podemos leer, incapaces de comunicarnos como antes lo hacíamos.

A veces, unos cuantos eslabones se debilitan y se rompe la cadena que lo sostiene todo. Pero, en nuestro caso, toda la cadena se deshará completa, como una figura de arena en la playa, cuando llegue la ola que siempre llega, al subir la marea.

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