La sirena

En el mar, canta una sirena.
Con su voz llama a la brisa
que mece las olas,
y despeja en el cielo la faz de la luna.

Nadando gira sobre la espuma
de su propia estela,
brillante, sobre la negra tela del mar nocturno.


Ve en el horizonte la blanca señal
de las altas velas de un gran navío.
Se acerca y lo ve con profunda tristeza;
como su belleza parece morir,
en ese andar tan lento, tan lánguido y débil.


Con amor, hace que su voz surque el cielo,
y rodea al barco con las alegres caricias
que le den consuelo;
que lo abracen las olas, que le cante el viento.


Pequeñas figuras sobre la cubierta
van de lado a lado,
girando las velas, tensando las cuerdas.
Cuando oye sus voces
entre el aullido del viento,
entiende la sirena que quieren jugar.


El barco se inclina a uno y otro lado,
siguiendo a la sirena en su suave danzar.


Se empieza a recoger la vela mayor,
pero llamó ya la sirena a la fresca lluvia
de la tempestad,
que hincha la tela y la agita a su compás,
hasta que se rasga en largos jirones
que saludan al mar,
y al estruendo de la espuma
sobre las altas olas
que elevan el barco
hasta que su mástil más alto
parece tocar el cielo.


Crujen sus tablones ante cada embate,
mientras canta la sirena
cada vez más alto,
trayendo ahora al baile
el brillo de la tormenta.


Relámpagos surcan la esfera del cielo,
y las pequeñas figuras unen sus voces
a la del cercano trueno.


Frente al barco nada la sirena,
y su voz se hace más dulce y cercana.
"Ven, querido amigo", le empieza a cantar,
"Ven, te mostraré mi hogar".
Y se sumerge de espaldas,
extendiendo sus brazos
hacia el barco amado.


La proa del barco mira hacia el cielo
cuando las olas lo elevan por última vez.
Luego desciende,
besando la espuma tras la sirena,
tras su llamado y su canto.


El gran navío se hunde,
y poco a poco las pequeñas figuras
ya no gritan más.


Mientras desciende el barco,
se le acerca la sirena,
y se abraza a él,
danzando luego entre sus velas rasgadas
y junto al mástil roto.


Mil fragmentos giran en torno a ella
y a las pequeñas figuras
que venían con él.
Más cerca ya no son tan pequeñas;
caen lentamente, inmóviles, como si durmieran,
y sus rostros son pálidos,
como el de la luna
a la que tanto ama.

En cada mejilla, un beso les deja.


El barco continúa el camino
hacia lo profundo,
mientras ella vuelve
otra vez junto a las olas.


El baile ha terminado. La tormenta se ha ido,
junto con la lluvia y la tempestad.
Las olas reposan
calmadas,
y sólo la brisa gira aún en el cielo,
junto a la luna, brillante otra vez.


"Hasta mañana, mi amada... ",
canta la sirena,
y se hunde otra vez.

Comentarios

  1. Me gusto mucho tu blog... quisiera que visitaras y leyendo la mia, http://profiriol.blogspot.com/

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