Amanecer

Hace mucho tiempo, la gente podía ver el pasado y el futuro con la misma facilidad con que ves hacia atrás o hacia adelante. Podía ver las otras vidas que pudieron haber elegido así como ves a la derecha o a la izquierda. Y moverse hacia esas otras realidades, como cuando nadas. Además, podía comunicarse con cualquier otro con más facilidad que con la que puedes hablar.

Hace mucho tiempo, lo que imaginabas se volvía realidad.

Algo pasó. O, mejor dicho, fue pasando. Se hacía más difícil ver. Se fueron agudizando los otros sentidos y se fue cerrando el ojo que ya no se usaba. Un día, todos estaban ciegos, pero había sucedido tan lentamente que no lo sabían.

Algo que antes era simple de imaginar, se hizo muy difícil. Era como si un invidente de nacimiento quisiera imaginar una playa. Podría escuchar el murmullo de las olas y sentir la brisa que las impulsa hasta besar la playa. Podría sentir el rastro de ese beso cuando tocara sus pies, y el perfume de esa brisa. Pero qué podría decir de las formas que había tomado en su camino hasta aquí; de los tonos de azul y verde, o del manto de espuma, del vuelo de las gaviotas, o de la silenciosa luna que flotaba sobre todo ello, influyendo sin que quizás jamás lo supiera.

Como ya no se podía ver, casi no se podía recordar, y había que hacer marcas en la madera o en la piedra, o en algo, para que sus hijos supieran un poco más de lo que pudieran descubrir por sí mismos.

Llamaron ver, oír y sentir a lo que ahora les proporcionaban sus sentidos. Llamaron pensar y recordar a lo que ahora les proporcionaba su mente. Y se alejo, en una bruma de leyenda, lo que alguna vez fue realmente ver, oír, recordar... lo que alguna vez fueron.

Algunas veces, nacía alguien que podía ver, sentir, o recordar. Realmente, como en los tiempos antiguos. Algunas veces, lograba comprender lo que eso era. Algunas veces, los demás le respetaban. Algunas veces.

Las demás veces, trataban de que cerrara sus verdaderos sentidos, su verdadera mente, e imitara ser como ellos. Las demás veces, no le comprendían, o le temían.

Largo tiempo pasó, pero, así como oscureció, empezó a amanecer.

Realmente, suele parecer más oscuro antes de amanecer, en más de un sentido. Las estrellas se fueron apagando una a una, ante los ojos de los que podían verlas. Algunos de ellos, pensaron que el mundo finalmente se acabaría e idearon planes para salvar lo que pudieran. Fabricaron sofisticados artilugios, algo que les ayudara a todos los demás, que no podían aún ver como ellos, a correr más rápido, un poco más al poniente, para perseguir las estrellas que huían de ellos.

Otros, esperan. Porque empiezan a recordar que esto ya ha pasado antes.

Es inevitable. Finalmente, el brillo de la aurora atisba en el cielo.

Poco a poco, las volverás a ver. Poco a poco, volverás a recordar. Realmente, como en los tiempos antiguos. Finalmente, el resplandor del amanecer se irá elevando sobre el horizonte, iluminando la tierra y volviendo evidente lo que estuvo tanto tiempo oculto.

Finalmente, volvemos al principio, otra vez.

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