Bajo la piel

Hay cosas que a nadie le gusta oír, y que a veces hay que presentar como fábulas, o por medio de parábolas, para que las podamos decir. Para los demás no serán más que historias, pero algunos las entenderán.

Aunque el mundo pregone que hay que decir la verdad, exponer lo que pensamos, y mostrar sin miedo lo que guarda nuestro corazón, en realidad la gente no mira la verdad, no oye las ideas, ni percibe nuestros sentimientos, sino la forma que los envuelve.

Preferirán a los príncipes, doncellas y hadas, que a los dragones, lobos y brujas, aún antes de que alguno de ellos diga o haga algo. Y a veces, aún después de que el príncipe mate, la doncella mienta, o el hada destruya, a pocos les interesa ver si hay sabiduría en el alma de un dragón, sueños en los ojos de un lobo, o amor en el corazón de una bruja.


Cuentan en el pueblo que cuando las lluvias se van, llego del cielo para volver a la gente de piedra, y les arrojo mi aliento para quemar sus casas. Pero nadie nunca ha habido que me mire a los ojos cuando me acerco, y oiga mis palabras junto a su oído.


Cuentan en el pueblo que cuando cae la noche, transformado en lobo me oculto en el bosque. Pero nadie nunca ha habido que pasee conmigo bajo la luna llena, y tome mi mano cuando el viento susurra sobre los árboles.


Cuentan en el pueblo que cuando todo está oscuro me deslizo en el cielo bajo el manto de la maldad. Pero nadie nunca ha habido que indague en mi alma, y sienta a su lado sonar mis latidos.

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