La foto perfecta

JUAN HABÍA encontrado en una revista muchas fotos que le gustaron. Supo que era hacer cosas como esas lo que le gustaría hacer en la vida.

Cargó la cámara que había en su casa y salió a tomar algunas fotos. Serían diferentes a las de los cumpleaños que casi siempre tomaba. Serían paisajes, casas, gente de la calle. Pero, cuando tuvo las fotos impresas, no le pareció que fueran muy diferentes de las que veía en los albumes de la familia y los amigos. Y Juan quería algo que fuera como lo que había visto en la revista.

Se dijo que lo que necesitaba para sacar mejores fotos era gente más bonita, paisajes más bonitos. Estar en lugares donde hubiera mejores cosas que fotografiar.

Así que viajó un poco. Visitó lugares hermosos. Buscó gente bonita. Y tomó muchas fotos.

Pero, cuando las veía impresas, no le parecía que fueran muy diferentes de las que veía en los albumes de otros turistas o aficionados. Y Juan quería que fueran como las que había visto en la revista.

Se dijo que lo que necesitaba para sacar mejores fotos era una mejor cámara, más zoom y más megapixeles. Cosas que capturaran mejor los colores y estabilizaran sus tomas.

Así que compró una cámara más cara y con más prestaciones. Podía tomar la cara de una señora vendiendo fruta al otro lado de la plaza. Podía tomar fotos sin flash. Y casi nunca les salían movidas o fuera de foco.

Pero, cuando revisaba sus fotos, no le parecía que fueran muy diferentes a las de antes.

Se dijo que lo que necesitaba para sacar mejores fotos era más conocimiento, conocer más técnicas y saber hacer composiciones.

Así que tomó clases de fotografía. Aprendió a usar otros tipos de lentes, otros tipos de exposiciones, a manejar la luz y los encuadres. También llegó a entender para qué servían las demás opciones de su cámara, y las de otras cámaras que llegó a usar.

Algún tiempo después, Juan trabajaba en una revista y le publicaban sus fotos. Sin embargo, aún no le parecía que fueran como las de la revista que había visto cuando comenzó.

Un día, conoció al fotógrafo que había tomado una de esas fotos. Los premios que había ganado estaban sobre una pared de su estudio y se las mostró con una sonrisa de aprecio. Juan contempló las fotos y vió que no era la gente bonita o los lugares hermosos los que hacían que una foto fuera mejor. Ni siquiera el equipo, pues había también fotos tomadas con cámaras comunes y corrientes. Una muy buena se había hecho con una cámara descartable.

¿Y, cuál es su mejor foto?, le preguntó Juan. No está aquí, le respondió el fotógrafo, que lo condujo hasta su escritorio. Tomó la foto enmarcada de una niña contemplando un picaflor. Nunca ganó un concurso, le explicó. Una buena foto no es sólo lo que tomas, dónde lo tomas, o cuándo lo tomas, sino también el fotógrafo. Ya lo sabes. Y un buen fotógrafo no es sólo la cámara y el equipo, sino también lo que sabe. Y lo que sabes no es sólo lo que has estudiado, sino lo que sientes aquí, en el corazón. Al final, las mejores cosas que haces son las que haces de corazón, para tí mismo. No importa que para nadie más signifique algo, si para mí lo es todo. Esta es mi mejor foto, mi foto perfecta, porque aquí el quién, el qué, el dónde, el cuándo, el cómo, todo, estaba presente, cuando la tomé, pero además estaba también yo.

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